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Autor Tema: Bartolomeo Bosco (1793 - 1863)  (Leído 1084 veces)
Juan Suricalday
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Ni de Pablo ni de Apolo... Soy de Cristo


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« en: Junio 03, 2008, 04:59:01 »

Aquí os dejo la historia de un mago italiano que nació en el siglo XVIII. Espero que os guste.



BARTOLOMEO BOSCO (1793 - 1863)

Bosco, nacido en Turín en 1793, fue quizás el primer ilusionista integral, en el sentido de que no desperdiciaba ninguna ocasión para practicar la magia. Alcanzó tal fama, triunfando de corte en corte, que aún hoy se relatan sus hazañas.

También él, cuando era muy joven, se trasladó a Rusia, aunque por motivos muy distintos a los de su predecesor; participó como simple soldado del ejército napoleónico, en la batalla de Borodino.

Nuestro Bartolomeo, herido en una batalla, yacía sin conocimiento sobre el suelo. Un cosaco se le aproximó, siguiendo las costumbres de la época, para vaciarle los bolsillos; pero cual debió ser su estupor cuando se dio cuenta de que siempre los mismos objetos, de forma infinita, seguían saliendo de los bolsillos del presunto cadáver. Bosco, cuando se recuperó, empezó luego “mágicamente” a vaciar los bolsillos del cosaco, llenando los suyos hasta que el ladrón huyó aterrorizado.

Para Bosco, todo momento era bueno para realizar algún acto de magia. Una vez, cuando ya era un personaje conocido, se encontró por la calle con una joven que vendía huevos. Se acercó al mago y adquirió uno, por un cobre, y rompiéndolo, en lugar de la yema y la cara, sacó una moneda de oro. Ante los ojos atónitos de la campesina, Bosco siguió comprando huevos y sacando monedas de oro. Hasta que la vendedora, negándose a venderle más, se refugió en un rincón para romper todos los huevos que le quedaban: como es lógico, lo único que logró fue hacer la tortilla más grande de su vida. El mago se acercó de nuevo, tomó el último huevo, lo abrió, dejando caer en las manos de la sorprendida joven una lluvia de monedas que compensaron de sobra las pérdidas sufridas.

Pero su prodigio más clamoroso (aún hoy, una piedra miliar en la historia de la magia moderna) lo realizó en la corte del rey de Nápoles.

El rey había invitado al gran ilusionista para que diera una representación en la corte. La tarde prevista, a las ocho, todos los invitados, nobles y dignatarios, el rey y la reina, esperaban en sus sitios; sólo faltaba él, Bosco. El tiempo pasaba, el noble público consultaba el reloj cada vez con más frecuencia, eran ya las ocho y media, faltaba un cuarto de hora para las nueve; el maestro de ceremonias de la corte pensaba ya en un largo viaje para escapar de la furia real.

Pero entonces, a las nueve en punto, como si nada, Bosco se presenta sonriendo amablemente y haciendo una reverencia ante los soberanos. Irritado, el rey reprocha al artista su imperdonable retraso; Bosco vacila: “Majestad, me citaron a las ocho y ¡son las ocho en punto!”.

El rey, los gentilhombres, las damas consultaron cada uno se reloj: en cada uno de ellos eran las ocho en punto.

Bosco, en su momento, fue emulado tan sólo por el frances Robert Houdin.
« Última modificación: Junio 04, 2008, 10:20:25 por juan suricalday » En línea

Cualquier cosa es posible si tienes suficiente coraje.
Dios pone las reglas del juego... y tú juegas.
Haz las cosas con amor y por amor, pensando que lo haces al Amor.
¡¡¡De  colores!!!
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¡Hola!


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« Respuesta #1 en: Junio 03, 2008, 07:28:20 »

¡Y estrenamos hilo! ¡Muchísimas gracias Juan! Sonrisa Sonrisa

Y poco más se puede añadir:
Pos eso, que fue contemporáneo de otros grandes de su época como Houdin, Hofzinser y el Gran Brujo del Norte entre otros, que murió en Turín en 1863 y que en su lápida se pueden ver unos cubiletes y unas bolas. Ah! y da el nombre al Club Magico Bartolomeo Bosco di Torino (www.bartolomeobosco.net)

Además, a Robert Houdin no le caía demasiado bien. Le parecía demasiado macabro. Solía adornar sus actuaciones con una lona negra y calaveras y hacer juegos (aparte del de los cubiletes y los escamoteos que hiciera a los rusos) del tipo: coger dos palomas, una blanca y otro negra, cortarles las cabezas e intercambiarlas, mostrando a las palomas vivas de nuevo. Según Houdin en "Confidencias de un prestidigitador", además solía preguntar a las damas si querían que el corte fuera sangriento o no, tras lo cual apretaba más o menos el cuello de la paloma que iba a decapitar...

Otro de sus juegos favoritos debía ser el de las bolas y los cubiletes, juego que debía hacer con gran destreza, aunque, eso sí, invocando previamente a malos espíritus diciendo "Spiriti miei infernali, obedite!"

Y poco más... Parece ser que cuando estuvo preso con los rusos (tras la batalla de Borodino) empezó a hacerles juegos a los presos hasta que llegó a oídos de los oficiales de la prisión. Estos le pidieron que les hiciera juegos, con lo que él les pidió a su vez una lona que le sirviera de decorado durante sus sesiones (y de manta en las frías noches rusas).

Y parece ser que era un ilusionista tan "integral", como bien dices tú, que no sólo sacaba dinero a las vendedoras de huevos, sino a todo el mundo de cualquier parte, por lo que los días que iba al mercado eran días de fiesta, por el dinero que pudiera repartir y por los milagros que pudieran suceder (sacar un anillo de una remolacha o lo que fuera).

Ahora bien, después de leerme la descripción que hace Houdin de uno de sus espectáculos... bueno. Efectivamente debía ser bastante tétrico. Pero eso, si queréis saber más, lo transcribiré otro día.

Un saludo,
« Última modificación: Junio 04, 2008, 03:14:05 por zdan » En línea

Zdan
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