¿Quién es Domingo Savio? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sergio Codera, SDB   
Domingo Savio es un santo muy especial, que si aún no lo conoces, te podemos asegurar que te va a fascinar. Para empezar, debes saber que Domingo es el santo más joven de la Iglesia Católica (no mártir), alumno del fundador de los Salesianos, San Juan Bosco. Es sin duda, un modelo para todos los niños, adolescentes y jóvenes. Un modelo para ti.

Si quieres, con este video te invitamos a descubrir algunas facetas de su vida. Te va a encantar. Inocente

 

 

Un detalle interesante… ¿Sabes qué significa Domingo?  Pues algo precioso: "el que está consagrado al Señor".

 

Interesante…


Ahora que te veo con ganas de imitarlo, lo mejor que podemos hacer es ir a sus orígenes... Comenzamos desde el principio.

Hace ya unos pocos de años…nació el pequeño Domingo en Riva del Piamonte, Italia, concretamente, en 1842. Su Padre se llamaba Carlos y era campesino. Desde niño ya dijo que quería ser sacerdote. Cuando Don Bosco empezó a preparar a algunos jóvenes para el sacerdocio, con la ilusión  de que le ayudaran en su trabajo en favor de los niños abandonados de Turín, el párroco de Domingo le presentó a Domingo. Don Bosco, en el primer encuentro que tuvieron los dos, se sintió muy impresionado. En pocos segundos se dio cuenta de que era un chico que tenía un don especial, era muy alegre y se notaba especialmente unido al Señor. Con tan solo 12 años, y con el consentimiento de sus padres, decidió quedarse en el oratorio con Don Bosco, en octubre de 1854.

 


 

Domingo, todo un líder

Uno de los recuerdos imborrables que dejó Domingo en el Oratorio fue el grupo que él organizó. Se llamaba la Compañía de la Inmaculada. Sin contar todo lo que rezaban, el grupo ayudó a Don Bosco todo lo que necesitaba, hasta en el cuidado de los niños más difíciles. En 1859, cuando Don Bosco decidió fundar la Congregación de los Salesianos, organizó una reunión; entre los veintidós presentes estaban todos los que empezaron en la Compañía de la Inmaculada, excepto Domingo Savio, que ya estaba con el Señor en el cielo desde dos años antes.

Poco después de su llegada al Oratorio, Domingo fue capaz  de impedir que dos chicos se peleasen a pedradas. Presentándoles su pequeño crucifijo,  sin importarles lo que comentaran los demás, les dijo: "Antes de empezar, mirad a Cristo y decid: ‘Jesucristo, que era inocente, murió perdonando a sus verdugos; yo soy un pecador y voy a ofender a Cristo tratando de vengarme deliberadamente’. Después podéis empezar arrojando vuestra primera piedra contra mí". Los dos chicos, más grandes que él, quedaron avergonzados de lo que estaban haciendo, y obedecieron admirados a Domingo.

Su fama fue creciendo, supo hacerse querer y respetar por sus compañeros. Y todo, por su gran personalidad, fuerte unión con el Señor, y coherencia de vida. Todo esto acompañado de una capacidad extraordinaria de hacerse amigos de todos, y de organizar lo que hiciera falta con tal de hacer el bien, ayudar a Don Bosco, y servir al Señor.

 

Domingo Savio junto a San Juan Bosco

 

 


Domingo dejaba encantados a sus compañeros, les contaba historias que todos escuchaban. Don Bosco alentaba su alegría, su estricto cumplimiento del deber de cada día y ese largo etcétera de virtudes admirables.
Muy humildemente, Domingo solía decir desde el corazón: "Quizás no pueda hacer grandes cosas, pero  seguro que puedo hacer  las más pequeñas para la mayor gloria de Dios".
Tanto quería ser santo, que este deseo, hizo que al principio Domingo tomase caminos equivocados para ello. Así, Don Bosco le prohibió que hiciese cosas raras como meterse piedras en los zapatos, o garbanzos debajo de las sábanas de dormir,  diciéndole: "La penitencia que Dios quiere es la obediencia”. Cada día se presentan mil oportunidades de sacrificarse alegremente: el calor, el frío, la enfermedad, el mal carácter de los otros. La vida de escuela constituye una mortificación suficiente para ti".

 

Una noche fría de invierno Don Bosco encontró a Domingo temblando de frío en la cama, sin más abrigo que una sábana. "¿Te has vuelto loco? - le preguntó- Vas a coger una pulmonía." Domingo respondió: "No lo creo. Nuestro Señor no cogió ninguna pulmonía en el establo de Belén."


En cierta ocasión, Domingo desapareció durante toda la mañana hasta después de la comida. Don Bosco lo encontró en la iglesia, como si estuviera en otra dimensión, en profunda oración, con una postura muy poco confortable; aunque había pasado seis horas en aquel sitio, Domingo creía que aún no había terminado la primera misa de la mañana. Domingo llamaba a esas horas de oración intensa "mis distracciones": "Siento como si el cielo se abriera sobre mi cabeza. Tengo que hacer o decir algo que haga reír a los otros."


San Juan Bosco relata que las necesidades de Inglaterra ocupaban un lugar muy especial en las oraciones de Domingo y cuenta que en "una violenta distracción", Domingo vio sobre una llanura cubierta de niebla a una multitud que avanzaba a tientas; entonces se acercó un hombre cubierto con una capa pontificia y llevando en la mano una antorcha que iluminó toda la llanura, en tanto que una voz decía: "Esta antorcha es la fe católica, que iluminará a Inglaterra." A instancias de Domingo, Don Bosco relató el incidente al Papa Pío IX, quien declaró que eso le confirmaba en su resolución de prestar especial atención a Inglaterra.

 

La muerte de Domingo

La delicada salud de Domingo empezó a debilitarse y en 1857,  Don Bosco lo envió a Mondonio, con sus padres,  para cambiar de aire. Los médicos diagnosticaron que padecía de una inflamación en los pulmones, lo que nosotros llamamos; una pulmonía. Y decidieron sangrarlo, según se acostumbraba en aquella época. El tratamiento no hizo más que precipitar el desenlace. Domingo recibió los últimos sacramentos y, al anochecer del 9 de marzo, rogó a su padre que recitara las oraciones por los agonizantes. Ya hacia el fin, trató de incorporarse y murmuró: "Adiós, papá ... El padre me dijo una cosa ... pero no puedo recordarla . . ." De repente su rostro se transfiguró con una sonrisa de gozo, y exclamó: "¡Estoy viendo cosas maravillosas!" Esas fueron sus últimas palabras.

 


La causa de beatificación de Domingo se introdujo en 1914. Al principio despertó cierta oposición, por razón de la corta edad del santo. Pero el Papa Pío X consideró, por el contrario, que eso constituía un argumento en su favor y su punto de vista se impuso. Sin embargo, la beatificación no se llevó a cabo sino hasta 1950, dieciséis años después de la de Don Bosco.

 

 

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