CONFESIÓN

  • Está siempre dispuesto para escuchar las confidencias de los que desearen confesarse contigo. Procura alejar hasta la más lejana sospecha de que recuerdas lo que te dijeron en la confesión. No haya ni sombra de parcialidad para quien se confiesa con uno, prefiriéndolo a otro. (VII, 526).
  • Acoged con amabilidad a toda clase de penitentes, pero en especial a los jóvenes. Ayudadles a exponer el estado de su conciencia, animadlos a frecuentar el santo Sacramento de la Penitencia. Este es el medio más seguro de tenerlos alejados del vicio. Pones todo vuestro esfuerzo en que practiquen los avisos que les déis para evitar las recaídas. Corregidlos con bondad; puesto que si los reprendéis con aspereza, o no vendrán a buscaros más, o bien ocultarán sus faltas por miedo a vuestro severo requerimiento. (Miguel Magone, Cap. V).
  • Después de haber ganado la confianza de los jóvenes, indagad con delicadeza si sus confesiones pasadas fueron bien hechas. Autores célebres en moral ascética y de larga experiencia, convienen en que, por lo general, las primeras confesiones de los niños suelen ser nulas, o cuanto menos defectuosas, por falta de instrucción o por omisiones voluntarias. (Miguel Magone, Cap. V).
  • Invítese al joven a escudriñar bien el estado de su conciencia; particularmente desde los siete a los diez o doce años. En esta edad se tiene conocimiento de ciertas faltas, pero no se hace caso de ellas o se ignora el modo de confesarlas. El confesor sea extremadamente prudente y de absoluta reserva; pero no omita aquellas preguntas que se refieren a la santa virtud de la modestia. (Miguel Magone, Cap.V).
  • Cuando os solicitan para confesar, prestáos de buen grado y no uséis mal modo no demostréis nunca impaciencia. Recibid a los niños con modales dulces y con grande afabilidad. No los reprendáis ni os asombréis por su ignorancia o por las cosas que os manifiesten en confesión. (I, 153).
  • Se puede variar, sin escrúpulo, de confesor, en caso de haber cambiado de domicilio o cuando no se puede acudir a él sin grave incomodidad, o por enfermedad, o por razón de la mucha concurrencia de penitentes que él pueda tener en las grandes solemnidades. (Miguel Magone, Cap. V).
  • Cuando uno fuera solicitado para atender las confesiones de los fieles, se puede interrumpir el santo Oficio y hacer más breve la preparación y la acción de gracias de la Misa, a fin de prestarse a ejercitar este sagrado ministerio. (I, 129).
  • Si alguien, repasando su vida anterior, recordase que ocultó algún pecado en sus confesiones, o tuviere la más leve duda acerca de la validez de alguna de ellas, le aconsejo con el mayor encarecimiento: Amigo, por amor de Jesucristo y por la preciosa Sangre que derramó para salvar tu alma, te suplico que arregles el estado de tu conciencia en la primera oportunidad en que te acerques a confesarte, exponiendo con sinceridad todo lo que inquieta tu alma como si te hallases en el momento de la muerte. (Miguel Magone, Cap. V).
  • Os aseguro que cuanto más sinceros seáis con el confesor, más aumentará su confianza hacia vosotros y con tanto mayor acierto podrá aconsejaros y advertiros lo que considere más necesario y oportuno para el bien de vuestra alma. (Miguel Magone, Cap. V).
  • Si vuestra conciencia tuviera algo que no se atreva a comunicar al confesor ordinario, acudís a otro, antes de cometer un sacrilegio. (Miguel Magone, Cap. V).
  • Me acercaré al Sacramento de la Penitencia cada ocho días y procuraré practicar los propósitos que haré en la confesión. (Miguel Magone, Cap. V).
  • Jóvenes míos, recordad que el confesor es un padre que desea ardientemente haceros todo el bien posible y alejaros del mal. (Miguel Magone, V).
  • Frecuentad a menudo a vuestro confesor, rogad por él y seguid sus consejos. (Miguel Magone, Cap.V).
  • No os dejéis engañar nunca por el demonio callando por vergüenza algún pecado en la confesión. Yo os aseguro, jóvenes muy amados, que mi mano tiembla al trazar estos renglones ante el solo pensamiento de que gran número de cristianos se pierden eternamente por no haber declarado con sinceridad sus pecados en la confesión. (Miguel Magone, V).
  • Si no sabes cómo explicarte, basta que sugieras a tu confesor que hay algo en tu vida pasada que te tiene pesaroso e intranquilo. El confesor no necesita más; tú sigue sus disposiciones y ten la seguridad de que todo quedará arreglado. (Miguel Magone, V).
  • Si no tenéis un confesor fijo en quien depositar vuestra confianza, os falta el amigo del alma. (Miguel Magone, Cap.V).
  • Si encuentras un confesor apropiado a las necesidades de tu alma, no cambies sin necesidad. (Miguel Magone, Cap.V).
  • A lo que más importancia se debe dar es a las prácticas de Vayamos con frecuencia a confesarnos.
  • Acerquémonos especialmente a la Santa Co munión, que es la que debe alimentarnos toda la vida; dediquémonos a hacer obras buenas, cumpliendo así nuestros deberes y visitemos a menudo al Santísimo Sacramento en la Iglesia. (XII, 610).
  • Para volar al Cielo necesitamos dos alas: la confesión y la Co munión. (VII, 50).
  • ¿Queréis entrar al cielo?. La Confesión es la cerradura, la llave es la confianza en el confesor. Este es el medio para abrir las puertas del Paraíso. (VII, 49).
  • Dios detesta el pecado y aborrece a quien lo comete, .. su bondad y misericordia es sin límites. (XVIII, 862).
  • Ante todo, os recomiendo que pongáis cuanto esté de vuestra parte para no caer en pecado; pero si por desgracia cometéis alguno, no déis oído al demonio tentador que os invita a que lo ocultéis en la confesión. (Miguel Magone, Cap.V.)
  • El confesor ha recibido de Dios el poder para perdonar todos los pecados, cualquiera que sea su número y cuanto más graves sean vuestras culpas, mayor será su gozo; porque sabe que es mucho más grande la divina Misericordia que por su conducto os concede el perdón y aplica los méritos infinitos de la preciosa Sangre de Jesucristo, con lo que puede lavar todas las manchas de vuestra alma. (Miguel Magone, Cap.V).
  • No temáis perder la estimación del confesor comunicándole las faltas graves, ni que él haya de revelarlas a otros, porque el confesor, ni por todo el oro del mundo -ni aún para salvar su propia vida-, puede utilizar o servirse de lo que haya oído en la confesión, ni comunicarlo a persona alguna. (Miguel Magone, Cap.V).
  • Confiad también en las oraciones de vuestro confesor, que todos los días pide a Dios en la Santa Misa, que conceda a sus penitentes la gracia necesaria para que sus confesiones sean buenas, y la perseverancia en el bien. Y en justa correspondencia de caridad, rogad vosotros por él. (Miguel Magone, Cap.V).
  • Las confesiones que no dan fruto, no son buenas. (XII, 573).
  • El mejor método para tener éxito en la educación consiste en saber hacer buenas confesiones. (IV, 555).
  • Que cada confesión sea tan sincera como si fueses la última de vuestra (XIII, 418).
  • El Señor nos asegura que al escuchar la voz del confesor, a Dios mismo se oye. (III, 94).
  • No critiquéis la conducta de nadie por frecuentar los santos Sacramentos; estas burlas atraen las maldiciones de Dios. (VII, 191).

 

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