OBRAS BUENAS

  • Al fin de la vida se recogen los frutos de las buenas obras. (IX, 807).
  • No es necesario saber el momento de la muerte para ir al Paraíso; pero sí es preciso prepararse con buenas obras. (VI, 120).
  • El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción. (I, 129).
  • En todas las obras buenas, el demonio siempre suscita dificultades. (VIII, 368).
  • Es Dios quien hace las obras buenas, y nosotros tenemos que rogarle que tenga la bondad de servirse de nosotros en sus santas empresas. (X, 1080).
  • En las obras de Dios hay que considerar si son necesarias o no. Si no son necesarias, no conviene emprenderlas; pero si son indispensables, hay que hacerlas sin preocuparnos por el éxito. Los medios materiales, Dios los ha prometido y Él mantiene su palabra. (X, 1339).
  • Antes de emprender una obra, hay que tener en cuenta si es la voluntad de Dios que se haga. Teniendo la certeza, hay que ir adelante; encontraremos miles de dificultades en el camino, pero no importa; Dios lo quiere, seamos firmes en vencer cualquier obstáculo. (XI, 54).
  • Solamente las buenas obras son las riquezas verdaderas que nos aseguran un puesto en el cielo. (XII, 328).
  • Hablando de la conveniencia de hacer publicidad a las buenas obras, yo diría lo siguiente: el mejor medio para darlas a conocer, es sostenerlas. (XIII, 126-7).
  • Los cristianos si son inteligentes llevarán sus riquezas terrenas a la eternidad mediante sus obras buenas. (XVII, 70).
  • Las buenas obras que puedes hacer, hazlas ahora tú personalmente, sin compromiso para nadie en el futuro. (XV, 604).
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