Ningún ser humano ha elegido libremente vivir, sino que más bien ha recibido como regalo su vida. Nacemos y vivimos para ser felices.La felicidad está en poner nuestra vida al servicio de los demás. Y ese poner la vida al servicio de los demás, se concreta de una manera específica en opciones y elecciones. Hay gente que se siente inclinado a una profesión, y trabaja muy a gusto haciendo un trabajo muy eficaz y de gran calidad. Hay quienes sirven a otros por medio de su tiempo libre. Hay quienes comprometen su vida en un proyecto familiar….

Los cristianos entendemos la vida desde la VOCACIÓN. Es decir, entendemos que desde el día que fuimos bautizados, recibimos una llamada específica. Una llamada que tiene como fin único el llegar a ser felices. Hoy en la Iglesia existen tres vocaciones específicas. Ninguna se opone a la otra. Las tres se complementan. Así tenemos la vocación sacerdotal, la religiosa y la laical. Las tres nacen de Jesús. Son tres propuestas o invitaciones para seguir al Maestro, imitarlo y entregar la vida como él, en el servicio y encuentro con los hermanos.

Los sacerdotes están llamados a ser pastores del pueblo de Dios. Hombres que guían y dan ejemplo de servicio por medio del ministerio sagrado que le encomienda la comunidad cristiana.

Los religiosos son hombres y mujeres consagrados, que viviendo una vida evangélica trabajan por la edificación del REINO aquí en este mundo.

Los laicos son también hombres y mujeres comprometidos con el REINO. Lo hacen presente en su realidad concreta: familia, trabajo, sociedad, etc…