
La niña que respondió al mal con el perdón.
Con once años eligió el perdón incluso frente a quien le arrebató la vida. Esta es su historia, capítulo a capítulo.
- Nació
- 16 de octubre de 1890, en Corinaldo (Italia)
- Murió
- 6 de julio de 1902, en Nettuno, a los 11 años
- Reconocido
- Canonizada el 24 de junio de 1950, por el papa Pío XII
- Patrono
- Patrona de la juventud, la pureza y las víctimas de agresión
Una infancia de trabajo y pobreza
María Goretti nació el 16 de octubre de 1890 en Corinaldo, Italia, tercera de siete hermanos en una familia campesina muy humilde. Cuando su padre murió de malaria, siendo ella todavía muy pequeña, la familia tuvo que trasladarse a Ferriere di Conca, cerca de Nettuno, para poder trabajar la tierra.
Desde entonces, María asumió gran parte del cuidado de la casa y de sus hermanos menores, mientras su madre trabajaba en el campo. Aprendió muy pronto a sacrificarse por los demás sin quejarse.
La responsabilidad no espera a que crezcas. A veces la vida te pide madurar antes de tiempo, y ahí también se puede ser grande.
Una fe sencilla y firme
A pesar de las dificultades, María vivía su fe con una convicción poco común para su edad. En mayo de 1902 hizo su Primera Comunión, un momento que la marcó profundamente. Aquel día se propuso, con toda la determinación de su corazón, no ofender jamás a Dios.
No eran palabras vacías. Muy pronto tendría que sostenerlas frente a la peor de las pruebas.
Antes morir que pecar.
Las decisiones importantes no se toman en el último momento. Se preparan mucho antes, en lo pequeño de cada día.
El día que dijo que no
Alessandro, el hijo del socio agrícola de la familia, llevaba tiempo acosando a María. El 5 de julio de 1902, cuando ella tenía apenas once años, intentó forzarla a hacer algo que ella sabía que estaba mal. María se resistió con todas sus fuerzas, decidida a no ceder pase lo que pasase.
Su negativa firme desató la violencia de Alessandro, que la hirió gravemente. María fue trasladada de urgencia al hospital de Nettuno, pero sus heridas eran demasiado graves.
¡No! ¡Es pecado! ¡Dios no lo quiere!
Decir que no a lo que está mal, aunque cueste caro, es también una forma de amor propio y de amor a Dios.
Perdonar hasta el final
María sobrevivió casi un día entero tras el ataque. En el hospital, consciente de que iba a morir, hizo algo que sorprendió a todos: perdonó explícitamente a Alessandro y expresó su deseo de encontrarse con él algún día en el Cielo.
Murió el 6 de julio de 1902, a los once años, con ese perdón como su último gesto.
Sí, lo perdono por amor a Jesús, y quiero que esté conmigo en el paraíso.
El perdón no es debilidad. Es, muchas veces, el acto más valiente que se puede hacer.
De la herida al perdón: el milagro de Alessandro
Años después, en prisión, Alessandro dijo haber tenido un sueño en el que María le entregaba flores blancas. Aquello marcó el inicio de su conversión. En 1934 salió de la cárcel y lo primero que hizo fue pedir perdón a la madre de María, Assunta, quien se lo concedió.
El 24 de junio de 1950, en la canonización de María, presidida por Pío XII ante medio millón de personas, estaban presentes su madre y el propio Alessandro, ya convertido y reconciliado. Hoy María es patrona de la juventud y de las víctimas de agresión.
Ninguna historia está completamente cerrada. El perdón de María no solo la salvó a ella: también abrió un camino de conversión para quien más daño le hizo.
Su historia terminó. La tuya empieza ahora.
No hace falta vivir muchos años para vivir una gran vida. Hace falta vivir con un gran amor.
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