52 semanas, 52 retos
Cada semana entrena un músculo del alma: un reto concreto, una virtud, y una razón para hacerlo. Sin culpa, sin prisa — un paso cada vez.
Empieza la aventura
Sonríe conscientemente a diez personas.
Escribe cinco cosas por las que das gracias.
Durante una semana evita cualquier frase derrotista.
Reza un Padre Nuestro despacio antes de dormir.
Amar de verdad
Ser fuerte
Haz primero la tarea que menos te apetezca.
No te quejes durante un día entero.
Pasa una hora sin móvil.
Termina algo que llevabas tiempo dejando.
Vivir como Jesús
Ayuda en casa sin decir nada.
Reconoce un error sin justificarte.
No critiques a nadie durante un día.
Llama a alguien que esté solo.
Mes de María
Reza un misterio del Rosario.
Di «sí» a una tarea que normalmente evitarías.
Acepta con buena actitud una indicación.
Abraza a tus padres.
Servir
Llega puntual toda la semana.
No digas ninguna mentira, ni pequeña.
Haz tu trabajo con excelencia.
Invita a alguien que esté solo.
Verano santo
Pasa cinco minutos diarios sin pantallas.
Da un paseo dando gracias a Dios.
Comparte una frase de esperanza.
Organiza un momento divertido para otros.
Descansar con Dios
Volver a empezar
Ser luz
Mirar al cielo
Preparar el corazón
Haz una buena confesión.
Regala algo tuyo.
Prepara una sorpresa para tu familia.
Felicita personalmente a todas las personas con las que te encuentres.
Reconcíliate con alguien con quien estés distanciado.
Visita o llama a una persona que pase la Navidad sola.
Regala tiempo, no solo cosas: dedica una hora completa a alguien que quieras.
Gran final: escribe una carta a tu «yo» del próximo año respondiendo a esta pregunta: ¿Qué santo quiero llegar a ser?