El predicador brillante que supo dejarse corregir sin herir su orgullo
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Hoy te voy a contar cómo Apolos, un hombre reconocido por todos como un orador brillante y conocedor de las Escrituras, tuvo la humildad de aceptar que le faltaba algo importante por aprender, y no dejó que su propia reputación se lo impidiera.
Apolos era un judío originario de Alejandría, ciudad conocida por su gran tradición intelectual y su importante biblioteca. El texto de los Hechos lo describe como «varón elocuente, poderoso en las Escrituras», y explica que «había sido instruido en el camino del Señor» y enseñaba «con fervor de espíritu» sobre Jesús, aunque su conocimiento se limitaba al bautismo de Juan el Bautista, sin haber recibido todavía la enseñanza completa sobre Jesús y el Espíritu Santo.
Cuando Priscila y Aquila, un matrimonio sencillo dedicado al oficio de hacer tiendas, lo escucharon predicar en la sinagoga de Éfeso, reconocieron que le faltaba una parte importante de la enseñanza cristiana. En vez de sentirse ofendido o superior por recibir corrección de gente sin su misma formación intelectual, Apolos «los tomó, y le expusieron más exactamente el camino de Dios» — aceptó de buen grado ser enseñado por ellos.
Aquella humildad, viniendo de alguien tan reconocido públicamente por su elocuencia y conocimiento, resulta especialmente notable: no todo el mundo con una gran reputación está dispuesto a admitir que le falta algo por aprender, y menos aún a recibirlo de manos de personas menos conocidas que él. Apolos, sin embargo, priorizó la verdad completa por encima de su propio orgullo.
Después de completar su formación, Apolos viajó a Corinto, donde «ayudó mucho por medio de la gracia a los que habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo». Con el tiempo, se convertiría en una figura tan influyente dentro de la Iglesia de Corinto que algunos llegarían a preferirlo sobre Pablo — algo que el propio Pablo tuvo que abordar, recordando que todos trabajaban juntos por la misma causa.
📖 Hechos 18,24-28; 1 Corintios 3,4-6
🎬 Ficha de reparto
Apolos
Predicador elocuente que acepta con humildad la corrección de Priscila y Aquila para completar su formación.
💡 La moraleja
La verdadera sabiduría incluye la humildad de reconocer lo que todavía falta por aprender, sin que eso dependa de la reputación o el prestigio que ya se tenga. Apolos nos enseña que aceptar corrección, venga de donde venga, es un signo de madurez, no de debilidad.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, dame la humildad de Apolos para aceptar corrección y seguir aprendiendo, sin que mi propia reputación o prestigio me lo impida. Amén.