El ciego al que nadie quería dejar hablar, y que gritó más fuerte
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Hoy te voy a contar la historia de un mendigo ciego al que toda la multitud intentaba callar — y que, en vez de rendirse, gritó todavía más fuerte hasta que Jesús se detuvo por él.
Bartimeo era un mendigo ciego que se sentaba junto al camino a la entrada de Jericó, pidiendo limosna día tras día. Cuando escuchó que Jesús de Nazaret pasaba por allí, rodeado de una gran multitud, empezó a gritar con todas sus fuerzas: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».
Muchos de los que estaban cerca lo reprendían para que se callara, molestos por el escándalo que estaba montando. Pero Bartimeo, lejos de acobardarse, gritó todavía más fuerte, repitiendo la misma súplica una y otra vez, sin importarle lo que pensaran de él. No iba a dejar pasar aquella oportunidad por vergüenza o por presión social.
Jesús se detuvo y pidió que lo llamaran. De pronto, las mismas personas que lo habían callado le decían ahora: «Ánimo, levántate, que te llama». Bartimeo, en un gesto lleno de entusiasmo, arrojó su manto —probablemente su posesión más importante, donde recogía las limosnas— y corrió hacia Jesús.
Jesús le preguntó qué quería que hiciera por él, y Bartimeo respondió sin dudarlo: «Maestro, que vea». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». Al instante recuperó la vista, y en vez de irse a disfrutar de su nueva vida por su cuenta, «le seguía por el camino» — su primera decisión, ya viendo, fue seguir a Jesús.
📖 Marcos 10,46-52
🎬 Ficha de reparto
Bartimeo
Mendigo ciego que, a pesar de los intentos de la multitud por silenciarlo, consigue que Jesús lo cure.
Jesús
Se detiene ante el clamor persistente de Bartimeo y le devuelve la vista.
💡 La moraleja
No dejes que las voces que quieren callarte —incluidas las tuyas propias, por vergüenza o inseguridad— te impidan clamar por lo que necesitas. La perseverancia de Bartimeo, gritando más fuerte, fue lo que hizo que Jesús se detuviera.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, dame la perseverancia de Bartimeo para no callarme ante lo que necesito de ti, aunque otros intenten silenciarme. Ayúdame a seguirte, como él, en cuanto me respondas. Amén.