El hermano al que nadie tuvo en cuenta
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Hoy te voy a contar cómo, cuando Dios fue a elegir a un nuevo rey para Israel, el propio padre del elegido ni siquiera pensó en llamarlo a la reunión.
Dios envió al profeta Samuel a la casa de Jesé, en Belén, a ungir como nuevo rey a uno de sus hijos, porque había rechazado a Saúl por su desobediencia. Jesé presentó a sus hijos mayores uno por uno: Eliab, alto y de aspecto impresionante, parecía el candidato perfecto.
Pero Dios le dijo a Samuel algo que ha quedado como una de las frases más repetidas de toda la Biblia: «No mires su apariencia, ni lo alto de su estatura... porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón». Uno tras otro, Samuel fue rechazando a siete hijos de Jesé, sin que ninguno fuera el elegido.
Extrañado, Samuel preguntó si no había más hijos. Jesé respondió que sí, el más pequeño, David, pero que estaba en el campo cuidando las ovejas — ni siquiera se le había ocurrido llamarlo a la reunión. Mandaron a buscarlo, y en cuanto Samuel lo vio, Dios le dijo: «Levántate y úngelo, porque este es».
Samuel ungió a David con aceite delante de sus hermanos, y desde aquel día «el espíritu del Señor vino sobre David con poder». Nadie en la familia lo había considerado importante, ni siquiera para una reunión familiar — y sin embargo, era a él a quien Dios había elegido para ser el rey más grande de la historia de Israel.
📖 1 Samuel 16,1-13
🎬 Ficha de reparto
David
El más joven de los hijos de Jesé, olvidado por su propia familia, elegido por Dios como futuro rey.
Samuel
Profeta enviado por Dios a ungir al nuevo rey de Israel entre los hijos de Jesé.
Jesé
Padre de David, que ni siquiera piensa en llamar a su hijo menor a presentarse ante Samuel.
💡 La moraleja
Dios no elige según lo que impresiona a primera vista: mira el corazón. Puede que el mundo no te tenga en cuenta para lo importante, pero eso no significa que Dios no tenga planes grandes contigo.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, tú que miras el corazón y no la apariencia, ayúdame a no juzgar a los demás ni a mí mismo solo por lo externo. Que confíe en que me tienes en cuenta aunque el mundo no lo haga. Amén.