El rey que bailó por las calles sin importarle lo que pensaran de él
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Hoy te voy a contar cómo el rey David, en uno de los días más felices de su reinado, bailó por las calles con tanta libertad y alegría que su propia esposa lo miró después con desprecio por ello.
Después de ser proclamado rey de todo Israel y de establecer Jerusalén como su capital, David decidió trasladar el arca del pacto —el signo más importante de la presencia de Dios entre su pueblo— hasta la ciudad, para colocarla en un lugar central de la vida religiosa de la nación. Fue una celebración enorme, con treinta mil hombres reunidos para la ocasión.
Mientras el arca avanzaba hacia Jerusalén, acompañada de música e instrumentos de todo tipo, David, «vestido con un efod de lino», «danzaba con toda su fuerza delante de Jehová». No se contuvo por ser el rey, ni le importó lo que pudiera parecer ante los demás: se dejó llevar completamente por la alegría del momento, bailando en plena calle junto a todo el pueblo.
Mical, la esposa de David e hija del anterior rey Saúl, lo observaba desde una ventana, y «le menospreció en su corazón» al verlo bailar de aquella forma, que a ella le parecía impropia de la dignidad de un rey. Cuando David volvió a casa después de la celebración, ella lo recibió con sarcasmo: «¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubriría sin decoro cualquiera de los vulgares!».
David le respondió sin ningún tipo de vergüenza: «Delante de Jehová... danzaré delante de Jehová, y me haré aún más vil que esto, y seré bajo mis propios ojos». Prefería la alegría sincera y sencilla de celebrar delante de Dios, aunque pudiera parecer «poco digno» a ojos de otros, antes que una dignidad fría y calculada que dejara fuera la verdadera alegría del corazón.
📖 2 Samuel 6,12-23
🎬 Ficha de reparto
David
Baila con libertad y alegría delante del arca del pacto, sin importarle las críticas.
Mical
Esposa de David que lo menosprecia por bailar de forma que ella considera indigna de un rey.
💡 La moraleja
La alegría sincera delante de Dios no necesita preocuparse de guardar las apariencias. David nos enseña que a veces vale más la pena celebrar con el corazón libre, aunque a otros les parezca «poco digno», que contener la alegría por quedar bien.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, dame la libertad de David para alegrarme delante de ti sin miedo al qué dirán. Que mi alegría contigo no dependa de la aprobación de los demás. Amén.