La debilidad que Pablo pidió tres veces que le fuera quitada, y la respuesta que recibió
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Hoy te voy a contar sobre una debilidad muy personal que Pablo cargó durante buena parte de su vida, sin que sepamos con exactitud de qué se trataba, y sobre la respuesta tan sorprendente que recibió cuando le pidió tres veces a Dios que se la quitara.
Pablo, en una de sus cartas a la comunidad de Corinto, mencionó de forma bastante personal una dificultad física o espiritual que lo acompañaba, describiéndola con una imagen muy física: «me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me exalte sobremanera». No especifica con claridad de qué se trataba exactamente esta dificultad —algunos han sugerido un problema de visión, una enfermedad crónica, o incluso una limitación de otro tipo—, pero sí queda claro que le causaba un sufrimiento constante y significativo.
Pablo explicó también el propósito que él mismo entendía detrás de aquella debilidad persistente: «para que no me exalte sobremanera por la grandeza de las revelaciones». Después de haber experimentado visiones y revelaciones extraordinarias de Dios, aquella limitación física parecía servir como un contrapeso, evitando que el orgullo por sus experiencias espirituales tan elevadas lo llevara a la soberbia.
Pablo confesó haber pedido a Dios, en tres ocasiones distintas, que le quitara aquella dificultad tan molesta: «Respecto a esto, tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí». Sin embargo, la respuesta que recibió no fue la que esperaba: en vez de quitarle la dificultad, Dios le dijo: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad».
Pablo, lejos de sentirse decepcionado por no haber recibido lo que había pedido tres veces, encontró en aquella respuesta un sentido profundo que transformó su forma de entender el sufrimiento: «Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo... porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». Aprendió a ver su propia limitación no como un obstáculo a eliminar, sino como el espacio exacto donde la fuerza de Dios podía manifestarse con más claridad.
📖 2 Corintios 12,7-10
🎬 Ficha de reparto
Pablo
Aprende a aceptar y encontrar sentido en una debilidad personal que Dios decide no quitarle.
💡 La moraleja
No todas las dificultades que le pedimos a Dios que nos quite desaparecen, incluso cuando insistimos varias veces. A veces, en vez de eliminar la debilidad, Dios nos ofrece algo más profundo: su gracia suficiente para vivir con ella, e incluso encontrar fuerza precisamente en ella.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, cuando no quites la debilidad que te pido que elimines, ayúdame a confiar, como Pablo, en que tu gracia me basta, y que tu poder se perfecciona precisamente en mi debilidad. Amén.