El criminal que, colgado de una cruz, encontró el paraíso en su último aliento
Inicia sesión para guardar tus historias leídas y favoritas.
Hoy te voy a contar con más detalle una historia que ya mencionamos brevemente en el relato de la crucifixión: la del criminal condenado junto a Jesús, que en sus últimos minutos de vida encontró, de forma completamente inesperada, la promesa del paraíso.
Junto a Jesús fueron crucificados dos criminales, uno a cada lado, cumpliendo así, sin que ellos lo supieran, una antigua profecía sobre el Mesías siendo «contado con los transgresores». Uno de aquellos dos hombres, lejos de cualquier arrepentimiento, se unió a las burlas generales dirigidas hacia Jesús: «Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros».
El otro criminal, sin embargo, reaccionó de una forma completamente distinta. Reprendió a su compañero: «¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo». En sus últimos momentos de vida, aquel hombre, condenado justamente por sus propios crímenes, reconocía con total sinceridad su propia culpa, y al mismo tiempo, la inocencia de Jesús.
Después de aquel reconocimiento tan honesto, se dirigió directamente a Jesús con una petición sencilla pero llena de fe: «Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». No pedía ser bajado de la cruz, ni una curación milagrosa, ni ninguna liberación inmediata: simplemente pedía ser recordado, confiando en que aquel hombre agonizante junto a él, en apariencia igual de derrotado, era en realidad un rey de un reino todavía por venir.
Jesús le respondió con una de las promesas más directas de todo el Evangelio: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso». Aquel hombre no tuvo ninguna oportunidad de hacer «obras» que demostraran su conversión: no había tiempo para nada más que aquella confesión sincera en el último instante de su vida. Su historia se ha convertido, desde entonces, en uno de los ejemplos más claros de toda la Biblia de que la gracia de Dios puede alcanzar a cualquier persona, incluso en el último momento posible, sin importar cuán tarde llegue esa conversión.
📖 Lucas 23,39-43
🎬 Ficha de reparto
El buen ladrón
Criminal crucificado junto a Jesús que, reconociendo su culpa, recibe la promesa del paraíso en su último aliento.
💡 La moraleja
Nunca es demasiado tarde para volverse hacia Dios con sinceridad, ni siquiera en el último instante de la vida. La gracia de Dios no depende de cuánto tiempo hayamos tenido para «demostrar» nuestra conversión, sino de la sinceridad del corazón.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, como el buen ladrón, te pido que te acuerdes de mí, confiando en tu misericordia incluso cuando siento que he llegado tarde. Amén.