El único día del año en que alguien podía entrar al lugar más sagrado de todos
Inicia sesión para guardar tus historias leídas y favoritas.
Hoy te voy a contar cómo era el día más solemne de todo el calendario religioso de Israel: aquel en que, una sola vez al año, el sumo sacerdote entraba al lugar más sagrado del tabernáculo para pedir perdón por los pecados de todo el pueblo.
Dios estableció un día especial en el calendario religioso de Israel llamado Yom Kipur, el Día de la Expiación, considerado el más solemne de todo el año. Era el único día en que el sumo sacerdote —en aquel momento, Aarón— podía entrar en el lugar más sagrado del tabernáculo, el Lugar Santísimo, donde se guardaba el arca del pacto, un espacio al que ninguna otra persona tenía acceso en ningún otro momento del año.
Antes de entrar, Aarón debía purificarse cuidadosamente, vestirse con ropas especiales de lino sencillo —en vez de sus vestiduras habituales llenas de oro y colores—, y ofrecer sacrificios primero por sus propios pecados y los de su familia, antes de poder interceder por todo el pueblo. Nada de aquel proceso podía tomarse a la ligera: entrar sin la preparación adecuada implicaba un riesgo mortal.
El ritual incluía un elemento muy simbólico: dos machos cabríos. Uno era sacrificado como ofrenda por el pecado del pueblo; el otro, conocido como el «chivo expiatorio», recibía simbólicamente, mediante la imposición de manos del sacerdote, todos los pecados y culpas del pueblo, y después era enviado vivo al desierto, «llevándose» simbólicamente esa carga lejos de la comunidad.
Este día tan solemne, repetido año tras año, mostraba tanto la seriedad con la que Dios trataba el pecado como su disposición a proveer un camino real de perdón para todo el pueblo. Con el tiempo, la carta a los Hebreos, en el Nuevo Testamento, explicaría cómo Jesús cumpliría de una vez por todas lo que este ritual anual solo podía anticipar: un sacrificio definitivo, que no necesitaría repetirse cada año.
📖 Levítico 16,1-34
🎬 Ficha de reparto
Aarón
Sumo sacerdote que, una vez al año, entra al Lugar Santísimo para pedir perdón por todo el pueblo.
💡 La moraleja
El perdón de Dios, incluso en el Antiguo Testamento, nunca fue algo tomado a la ligera: implicaba un proceso serio de reconocimiento y purificación. La solemnidad de este día nos recuerda que pedir perdón merece ser algo real, no un simple trámite.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, ayúdame a tomarme en serio mi necesidad de perdón, sin banalizarla, confiando en que tú provees siempre un camino real de reconciliación contigo. Amén.