El banquete al que nadie de los invitados quiso ir
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Hoy te voy a contar una parábola de Jesús sobre un hombre que preparó un gran banquete, invitó a mucha gente importante — y ninguno de ellos se dignó a presentarse, ocupados en sus propios asuntos.
Jesús, estando invitado a comer en casa de un fariseo importante, contó una parábola después de escuchar a alguien decir: «Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios». Explicó que un hombre preparó una gran cena e invitó a muchos, y cuando llegó la hora, envió a su siervo a avisar a los invitados: «Venid, que ya todo está preparado».
Sin embargo, todos empezaron, «a una», a poner excusas: uno dijo que acababa de comprar una finca y necesitaba ir a verla; otro, que había comprado cinco yuntas de bueyes y tenía que probarlas; otro, que acababa de casarse y por eso no podía ir. Ninguna de las excusas era realmente urgente ni imposible de postergar — simplemente, ninguno de ellos dio prioridad real a aquella invitación.
El dueño de la casa, «enojado», le dijo a su siervo: «Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos». El siervo cumplió la orden, pero todavía quedaba lugar en la mesa, así que el dueño insistió: «Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa».
El dueño concluyó con una frase contundente: «Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena». Aquellos que habían recibido la invitación original, ocupados en sus propios asuntos —posesiones, negocios, vida personal—, se quedaron fuera por su propia elección, mientras que quienes nadie esperaba que fueran invitados —los pobres, los descartados socialmente— fueron quienes finalmente ocuparon los lugares en el banquete.
📖 Lucas 14,15-24
🎬 Ficha de reparto
El dueño de la casa
Prepara un gran banquete y, ante el rechazo de los invitados, abre las puertas a los más pobres.
Los invitados originales
Rechazan la invitación al banquete por sus propias ocupaciones y prioridades.
💡 La moraleja
A veces las ocupaciones cotidianas —el trabajo, las posesiones, los propios planes— nos hacen posponer indefinidamente lo que de verdad importa. La invitación de Dios sigue abierta, pero merece un lugar real en nuestras prioridades, no solo en la teoría.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, ayúdame a no poner excusas cuando me invitas a algo importante. Que mis ocupaciones diarias no me hagan perder de vista lo que de verdad merece prioridad. Amén.