El rey que aceptó ser aclamado como un dios, y las consecuencias que tuvo
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Hoy te voy a contar cómo Herodes Agripa, poco después de haber ejecutado al apóstol Santiago y de encarcelar a Pedro, cometió el error de aceptar con orgullo unas aclamaciones públicas que lo comparaban directamente con un dios.
Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande, había perseguido con dureza a la joven Iglesia de Jerusalén, mandando ejecutar al apóstol Santiago, el hermano de Juan, y encarcelando también a Pedro, aunque este último logró escapar milagrosamente gracias a la intervención de un ángel. Poco después de estos hechos, Herodes se encontraba en un conflicto diplomático con las ciudades de Tiro y Sidón, que dependían de su territorio para el abastecimiento de alimentos.
Al llegar a un acuerdo de reconciliación, Herodes se presentó ante el pueblo «vestido de ropas reales», y pronunció un discurso público que causó una impresión enorme entre los presentes. El pueblo, adulándolo con exageración, gritó: «¡Voz de Dios, y no de hombre!», atribuyéndole cualidades prácticamente divinas por la elocuencia de su discurso.
Herodes, en vez de rechazar aquella aclamación tan desmedida con la humildad que hubiera correspondido, la aceptó con orgullo, sin corregir ni un instante aquella comparación tan exagerada e inapropiada. El texto describe la consecuencia de forma directa: «al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos».
Este episodio, contado con brevedad pero con mucha contundencia, contrasta directamente con lo sucedido pocos versículos antes con Pedro, liberado milagrosamente de la cárcel: mientras Pedro reconocía con humildad que su liberación había sido obra de Dios, Herodes aceptó con soberbia un reconocimiento que en realidad solo le correspondía a Dios. El texto concluye con una frase muy significativa: «Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba» — a pesar de la persecución y de la caída de un rey orgulloso, la Iglesia seguía creciendo.
📖 Hechos 12,20-24
🎬 Ficha de reparto
Herodes Agripa
Rey que acepta con orgullo ser aclamado como un dios, con graves consecuencias.
💡 La moraleja
Aceptar con orgullo una gloria o un reconocimiento que en realidad pertenece a Dios, en vez de redirigirlo con humildad, tiene consecuencias serias. La verdadera grandeza sabe reconocer de dónde viene realmente todo lo bueno que se recibe.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, líbrame del orgullo de aceptar para mí un reconocimiento que en realidad te pertenece a ti. Ayúdame a redirigir siempre la gloria hacia ti. Amén.