Seis días para hacerlo todo, y uno para descansar
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Hoy te voy a contar cómo empezó todo lo que existe — y por qué, incluso Dios, después de crear el universo entero, se tomó un día libre.
Al principio no había nada: «la tierra era caos y confusión, y las tinieblas cubrían la faz del abismo». Dios empezó a poner orden con una sola palabra cada vez. «Que exista la luz», dijo, y la luz existió. Así, día a día, fue separando la luz de la oscuridad, el cielo del agua, el mar de la tierra seca.
El tercer día hizo crecer plantas y árboles. El cuarto, puso el sol, la luna y las estrellas para marcar los días, las estaciones y los años. El quinto día llenó el mar de peces y el cielo de aves. El sexto día creó a los animales de la tierra... y por último, como el gesto final y más especial de toda la creación, hizo al ser humano «a su imagen y semejanza», hombre y mujer, y les encargó cuidar de todo lo demás.
Al terminar cada etapa, el texto repite una frase preciosa: «Vio Dios que era bueno». No creó el mundo a la fuerza ni con prisa: lo fue mirando y disfrutando paso a paso, como quien construye algo con cariño y se para a admirarlo.
El séptimo día, cuando ya todo estaba terminado, Dios descansó — no porque estuviera cansado, sino para enseñarnos algo muy importante: que el descanso también forma parte de una vida bien vivida, y que hay un ritmo sano entre trabajar y parar a disfrutar de lo que se ha hecho.
📖 Génesis 1
🎬 Ficha de reparto
Dios
Crea el universo entero en seis días, con una palabra cada vez, y descansa el séptimo.
💡 La moraleja
Todo lo que existe fue pensado, cuidado y mirado con amor por Dios — incluido tú. Y si Dios mismo se tomó un día de descanso, tú también lo necesitas: parar no es perder el tiempo, es parte del plan.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, gracias por haber creado el mundo con tanto cuidado, y gracias por haberme creado a mí. Ayúdame a cuidar lo que has hecho y a valorar también el descanso que tú mismo te tomaste. Amén.