
Domingo SavioEl musical
El musical dedicado al patrono de esta web: 11 canciones que recorren su vida, desde niño en Riva hasta su muerte con solo catorce años. El musical entero, en vídeo, y las canciones listas para escuchar y trabajar con tu grupo.
Quién hizo posible este musical
Toño Casado
Coro Salesianos Paseo
Las fichas didácticas de esta página son de creación propia para Quiero Ser Santo, a partir del tema de cada canción y de una guía pedagógica original sobre el musical.
Canciones, letra en Spotify y ficha para trabajarlas
Elige el grupo de edad con el que vas a trabajar y verás, tema a tema, una pregunta para el diálogo y una actividad para hacer en grupo.
Un niño especial
Presentación de Domingo Savio: un chico con un «secreto» que mueve toda su vida, y que el musical irá desvelando poco a poco.
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Domingo Savio nace en San Juan de Riva, cerca de Turín, el 2 de abril de 1842, segundo de diez hermanos de una familia campesina humilde. Desde muy pequeño destaca por algo que sus propios compañeros notan sin saber explicarlo del todo: un «secreto» que lo hace distinto, alegre y bueno a la vez. Ese secreto —su amistad con Dios— es el hilo que recorre todo el musical.
“Tú has visto mi andar, has escrutado mi descanso; todos mis caminos te son conocidos.”
Sal 139, 3
Como canta el salmo, Dios conoce a Domingo por dentro desde siempre — ese es, en el fondo, el «secreto especial» que lleva dentro y que el musical irá descubriendo poco a poco.
Rellenan entre todos una «ficha policial» de Domingo Savio con los datos que ya conocen de él (nombre, familia, cualidades...). Después escuchan la canción y comparan lo que sabían con lo que descubren, señalando aciertos, fallos y sorpresas.
¿Qué dirían tus amigos si tuvieran que describir eso que te hace distinto a los demás?
Pregunta a dos amigos qué creen que te hace especial, y compáralo con lo que tú piensas.
Dios
Domingo canta su amistad personal con Dios, a quien siente tan cercano como una música que suena por dentro y marca el ritmo de toda su vida.
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El día de su Primera Comunión, con solo siete años, Domingo escribió cuatro propósitos que guiarían el resto de su vida: confesarse y comulgar a menudo, santificar los días de fiesta, tener a Jesús y María como mejores amigos, y «antes morir que pecar». Esa amistad con Dios, tan real como cualquier otra amistad, es la auténtica «emisora» que Domingo escucha por encima de todas las demás.
“Ya no os llamo siervos... a vosotros os he llamado amigos.”
Jn 15, 15
Domingo no vive su fe como una obligación que cumplir, sino como la misma amistad real que Jesús ofrece a sus discípulos.
Cada uno dibuja una radio y escribe alrededor las «emisoras» —personas, cosas, pantallas— a las que más atención presta en su vida. Después comparan cuántas veces aparece «Dios» entre esas emisoras, y qué tendría que pasar para sintonizarlo más.
¿Tienes un rato del día, aunque sea pequeño, para hablar con Dios como con un amigo?
Prueba a rezar hoy contándole a Dios tu día, como se lo contarías a un amigo.
Nieva, nieva
Acusado injustamente de llenar la estufa de la escuela con piedras y nieve, Domingo asume el castigo en silencio para no delatar a los verdaderos culpables.
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En su escuela de Mondonio, un día aparece la estufa llena de piedras y tierra. Un compañero, para librarse, señala a Domingo como culpable sin serlo. El maestro lo humilla delante de toda la clase y lo obliga a arrodillarse como castigo. Domingo, con los ojos bajos, no dice una sola palabra para delatar a los verdaderos responsables. Al día siguiente se descubre la verdad, y su fama de «santo» crece todavía más.
“Como cordero llevado al matadero... no abrió su boca.”
Is 53, 7
Como el Siervo sufriente de Isaías, Domingo calla ante la injusticia sin defenderse ni acusar a nadie — una entereza que sorprende a todo el que lo ve.
El animador reparte papeles con personajes distintos de una situación injusta inventada (alguien acusado sin motivo, quien lo acusa, testigos que callan...). Cada uno interpreta su papel unos minutos, y después se comenta en grupo cómo se sintió cada personaje y qué se podría haber hecho mejor.
¿Serías capaz de callar para proteger a otro, aunque te costara un castigo injusto?
Habla esta semana en defensa de alguien a quien estén juzgando sin motivo.
Diseñadores
Domingo llega al Oratorio de Valdocco y se encuentra con Don Bosco, quien se ofrece a acompañarlo, con paciencia, en la tarea de «confeccionar» la mejor versión de sí mismo.
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Cuando Domingo llega al Oratorio de Valdocco, Don Bosco descubre enseguida su buena disposición y su deseo profundo de ser amigo de Dios. Se ofrece a acompañarlo, como un sastre que ayuda a confeccionar un traje a medida, en la tarea de «hacerse santo» — un trabajo que, como cualquier buen traje, no se hace solo ni de un día para otro.
“Más valen dos que uno... porque si caen, el uno levanta al otro.”
Ecl 4, 9-10
Domingo no busca la santidad en solitario: se deja acompañar por Don Bosco, igual que el Eclesiastés recuerda que siempre es mejor caminar con alguien al lado.
Cada uno «compra» simbólicamente una tela (pana, vaquero, seda...) y varios complementos según su propia forma de ser, y diseña su «traje» ideal. Después comentan si necesitarían ayuda de alguien para coserlo de verdad — como Domingo con Don Bosco.
¿Dejas que alguien de confianza te ayude a mejorar, o prefieres hacerlo todo solo?
Pide a alguien de confianza un consejo sincero sobre algo que quieras mejorar.
La maleta
Domingo hace las maletas y deja su pueblo para ir a estudiar a Valdocco, con Don Bosco — un primer paso, pequeño y decisivo, hacia el sueño de su vida.
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Dejar la propia casa nunca es fácil, ni siquiera cuando se hace con ilusión. Domingo tiene solo doce años cuando su padre lo acompaña a pie, durante horas, hasta Turín, para que pueda estudiar en el Oratorio de Don Bosco. En esa maleta cabe poco equipaje, pero cabe entero un sueño.
“Sal de tu tierra... hacia la tierra que yo te mostraré.”
Gn 12, 1
Como Abraham, Domingo tiene que dejar lo conocido —su pueblo, su familia— para ir hacia algo que todavía no puede ver del todo, confiando en que merece la pena.
Cada uno dibuja una maleta y escribe dentro tres cosas —no necesariamente materiales— que se llevaría si tuviera que empezar de nuevo en un lugar totalmente distinto, y explica por qué elige justo esas tres.
¿Te da miedo dejar lo conocido (un colegio, un grupo, un barrio) para empezar algo nuevo?
Escribe qué es lo que más te costaría dejar atrás si tuvieras que empezar de cero.
Da mihi animas
Domingo descubre en el despacho de Don Bosco el cartel «Da mihi animas, caetera tolle» («Dame almas y quédate con lo demás») y entiende que lo único que de verdad importa en Valdocco son las personas.
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En el despacho de Don Bosco hay un cartel en latín: «Da mihi animas, caetera tolle». Don Bosco le explica a Domingo lo que significa: «dame almas y quédate con lo demás». Domingo lo entiende enseguida: «aquí solo hay un problema —dice—, el de las almas: es un negocio, no de dinero, sino de almas». Se «apunta» a esa empresa nueva sin dudarlo.
“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”
Mt 16, 26
La pregunta de Jesús es, casi palabra por palabra, la misma idea que Domingo descubre en el cartel de Don Bosco: lo único que de verdad cuenta son las personas, nunca las cosas.
Cada uno decora una caja pequeña o un sobre a modo de «cofre». Los demás compañeros van dejando dentro mensajes escritos con algo positivo que ven en esa persona. Al final, cada uno lee en privado su propio «tesoro».
¿Sueles valorar más a la gente por lo que tiene o por cómo es de verdad?
Escribe el nombre de alguien y tres razones por las que esa persona vale, más allá de lo material.
Alegres
Domingo descubre que la verdadera alegría no depende de tenerlo todo, sino de cumplir el propio deber, ayudar a los demás y vivir cerca de Dios.
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«Aquí hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres», le explica Domingo a un compañero nuevo, Camilo, resumiendo en una frase sencilla todo un estilo de vida: evitar lo que hace daño, cumplir bien con lo de cada día, y no descuidar la oración ni el juego con los demás.
“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres.”
Flp 4, 4
San Pablo escribe esto desde la cárcel, en una situación muy dura — la misma alegría «a pesar de todo» que Domingo descubre y contagia a sus compañeros del Oratorio.
Antes de escuchar la canción, cada uno hace una lista de lo que cree necesario para «ser feliz» un fin de semana, un viaje, una profesión... Después comprueban cuántas de esas cosas aparecen también en la receta de felicidad de Domingo, y cuántas no.
¿Buscas la felicidad en tener más cosas, o en hacer bien lo que te toca cada día?
Cumple hoy, sin quejarte, con algo que normalmente te cuesta hacer.
Ser santos
Don Bosco le explica a Domingo que la santidad no es cosa de unos pocos elegidos ni de personas mayores: es posible, y hasta fácil, para cualquiera que lo desee de verdad.
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Don Bosco habla un domingo a sus chicos sobre lo fácil que es, en realidad, hacerse santo. La charla impacta tanto a Domingo que, días después, un compañero le pregunta si está enfermo. «Al contrario —responde—, padezco un bien: siento la necesidad de hacerme santo». Cuando Don Bosco le ofrece un regalo a elegir, Domingo no duda: «el regalo que le pido es que me haga santo».
“Sed santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo.”
Lv 19, 2
La santidad no es una idea moderna: Dios ya se la pedía a su pueblo en el Antiguo Testamento, y Domingo la toma tan en serio como para pedirla como el mejor regalo posible.
Cada uno investiga brevemente sobre el santo de su nombre, o sobre uno que le llame la atención, y cuenta al grupo qué hizo esa persona para ser recordada como «santa». Entre todos elaboran un decálogo sencillo de «qué hace falta para ser santo hoy».
¿Te parece la santidad algo lejano y aburrido, o algo posible y hasta divertido?
Escribe tres cosas que cambiarías en tu día a día si de verdad quisieras «ser santo».
Antes morir que no amar
Domingo teme que, al crecer, su amistad con Dios se vaya apagando poco a poco hasta quedar en pura apariencia. Renueva con fuerza su decisión de niño: antes morir que dejar de amar de verdad.
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Domingo intuye un peligro real: crecer no siempre significa madurar también en la fe; a veces significa, sin darse cuenta, ir dejándola atrás. Por eso renueva con fuerza su propósito de niño —«antes morir que pecar»— no por miedo, sino porque no concibe su vida sin esa amistad con Dios.
“No os acomodéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestra mente.”
Rom 12, 2
El miedo de Domingo es precisamente ese: acomodarse, dejar que el paso del tiempo apague lo mejor de uno mismo. San Pablo pide justo lo contrario: seguir transformándose, no acomodarse nunca.
Cada uno dibuja una línea del tiempo de su propia vida de fe: personas, momentos, dudas y descubrimientos importantes desde que era pequeño hasta hoy. Después comentan en grupo pequeño qué momento fue el más decisivo, y si sienten que su fe ha crecido o se ha quedado atrás.
¿Notas que, según creces, tu fe se hace más fuerte o se va apagando poco a poco?
Habla esta semana con alguien de tu grupo sobre cómo está cambiando tu fe.
La enfermedad. Veo. La maleta
La vida de Domingo llega a su fin. Enfermo, vuelve a casa con su familia, y en ese momento límite se revela el verdadero secreto de toda su vida: su amistad con Dios, más fuerte que la propia muerte.
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Con la salud ya muy débil, Domingo regresa a Mondonio junto a su familia. Sus últimas palabras, según cuenta Don Bosco, fueron: «Adiós, papá... ¡qué cosa tan hermosa estoy viendo!». Murió el 9 de marzo de 1857, con solo catorce años. Lo que en vida fue su secreto —la amistad con Dios— se convierte, en ese momento, en el mejor regalo que deja a los suyos.
“Ni la muerte ni la vida... podrán separarnos del amor de Dios.”
Rom 8, 38-39
La despedida de Domingo, serena y hasta alegre, es la mejor prueba de que ni siquiera la muerte pudo separarlo de la amistad con Dios que había cuidado toda su vida.
Cada uno imagina y dibuja el monumento que le gustaría que le hicieran algún día, con una breve inscripción debajo que resuma cómo querría ser recordado. Se comparten en grupo pequeño y se comenta qué sueño de vida hay detrás de cada monumento.
¿Te da miedo hablar de la muerte, o crees que también se puede vivir con esperanza?
Escribe una frase que te gustaría que la gente recordara de ti.
Como tú, Domingo
El musical termina con una invitación directa: si Domingo, con solo catorce años, pudo vivir así, cualquier chico o chica de hoy también puede intentarlo.
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Domingo Savio demuestra que no hace falta ser mayor, ni especial, ni perfecto para vivir una vida con sentido. Su ejemplo sigue siendo, casi dos siglos después, una luz para cualquier chico o chica que se pregunte si merece la pena intentarlo. El musical termina con la misma pregunta que le hace a cada espectador: si él lo hizo, ¿por qué no tú?
“Que nadie te menosprecie por ser joven; antes bien, sé ejemplo para los creyentes.”
1 Tim 4, 12
San Pablo le escribe esto a Timoteo, muy joven todavía — la misma confianza con la que Domingo Savio se convirtió, sin esperar a ser mayor, en ejemplo para todo un Oratorio.
Cada uno dibuja su propia silueta y escribe dentro los rasgos que le gustaría tener. Después dibuja, en otra silueta, cómo cree que Dios lo «sueña» a él. Al final, cada uno se compromete con un paso pequeño y concreto para acercarse a esa silueta esta semana.
¿Crees que puedes ser santo hoy, en tu vida normal, o te parece imposible?
Ponte un pequeño propósito concreto esta semana, como hacía Domingo.
Si él lo hizo, ¿por qué no tú?
Domingo Savio se hizo santo con solo catorce años. Tú también puedes empezar hoy.
Empieza la aventura →