Lo que tienes también es para los demás
Compendio DSI, Cap. IV, III — El destino universal de los bienes (§171-184)
Cuando algo es «mío» — mi habitación, mi ropa, mi dinero ahorrado — es fácil pensar que puedo hacer con ello lo que quiera, sin que le importe a nadie más.
La Iglesia defiende el derecho a la propiedad privada, pero enseña algo que sorprende a muchos: ese derecho no es absoluto, porque Dios ha destinado la tierra y todo lo que contiene para uso de todos los hombres, y la propiedad privada es solo un medio para gestionar bien ese destino común, no un fin en sí mismo. San Juan Pablo II lo llamó la «hipoteca social» de toda propiedad: lo que tienes de más, mientras otro no tiene lo necesario, lleva escrito el nombre de quien lo necesita.
«Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y todos los pueblos.»
Compendio DSI, n. 171
Cada uno hace una lista privada de 5 cosas que tiene y usa poco o nada. En grupo, debatid sin juzgar a nadie: ¿qué costaría donarlas o compartirlas de verdad? Organizad una recogida real para una entidad social si el grupo se anima.
- •¿Guardo cosas que no uso mientras otros pasan necesidad de algo parecido?
- •¿Presto o comparto lo que tengo, o vivo con mentalidad de «esto es solo mío»?
- •¿He pensado alguna vez que lo que tengo no es solo mérito mío, sino también un don recibido?
Esta semana, dona o comparte algo que ya no usas con alguien que lo necesite de verdad.
Señor, todo lo que tengo es un don tuyo. Ayúdame a no aferrarme a ello, sino a compartirlo con generosidad, como Tú compartes conmigo. Amén.