Ningún extraño es un extraño para Dios
Compendio DSI, Cap. IX — La comunidad internacional (§428-450)
Las noticias sobre migrantes, fronteras y refugiados suelen reducirse a números o a debates polarizados, donde se olvida que detrás de cada cifra hay una persona con una historia y un rostro.
El Compendio recuerda que la comunidad internacional entera está llamada a vivir como una familia de pueblos, basada en el reconocimiento de que todos compartimos una misma dignidad, más allá de fronteras, nacionalidad o papeles. Esto no significa ignorar los retos reales que plantea la migración, pero sí exige mirar siempre primero a la persona: el extranjero, en toda la Biblia, es alguien a quien Dios pide acoger, no temer. «Fui forastero, y me acogisteis» (Mt 25,35) no es una frase bonita: es un criterio real de juicio.
«La comunidad internacional debe fundarse en el reconocimiento de la igual dignidad entre los pueblos.»
Compendio DSI, Cap. IX
Busca o prepara previamente 3 testimonios reales breves de jóvenes migrantes o refugiados. Leedlos en grupo y comentad: ¿qué tienen en común con vosotros? ¿Qué prejuicio se cae al escuchar su historia real?
- •¿He juzgado a alguien solo por su nacionalidad, acento o país de origen?
- •¿Me informo de las causas reales de la migración, o solo repito titulares?
- •¿He tratado alguna vez a un compañero extranjero como si fuera «de fuera», en vez de como uno más?
Esta semana, entabla conversación de verdad con alguien de otro país o cultura que tengas cerca — pregúntale por su historia.
Señor, Tú también fuiste forastero en Egipto. Dame un corazón que acoja, no que tema; que reconozca en cada persona, venga de donde venga, a un hermano. Amén.