10 lecciones de Mamá Margarita
No necesitó saber leer ni escribir para enseñar lo esencial. Diez ideas suyas, pensadas para un joven de hoy.
Acogió a Antonio, su hijastro, como propio, incluso cuando la relación con Juan era tensa. Primero acompañó, después corrigió.
Sacó adelante una granja y luego un Oratorio sin quejarse, aunque el trabajo fuera duro y la escasez, constante.
La oración no era un rato suelto, sino el ritmo del día: se empezaba y se terminaba con Dios.
Enviudó con 29 años en un año de hambre generalizada, y no se hundió: siguió adelante por sus hijos.
En Valdocco, cuando no había casi nada, encontraba igualmente algo que repartir entre los chicos.
No dio grandes discursos: educó haciendo, delante de sus hijos, lo que después les pedía a ellos.
Medió durante años entre Antonio y Juan sin cansarse, y enseñó a perdonar antes que a tener razón.
Nunca dejó de ser una mujer de campo, aunque acabara siendo, en la práctica, madre de un Oratorio entero.
"Confía siempre en la Providencia" no era una frase bonita para ella: era literalmente cómo sobrevivió diez años en Valdocco.
Nunca buscó que se hablara de ella. Su nombre solo empezó a conocerse después de su muerte, por lo que había dejado hecho.
Frases de Mamá Margarita
Recogidas por la tradición biográfica salesiana, a partir de las Memorias del propio Don Bosco y de sus primeros biógrafos.
“Dios te ve.”
Lo repetía a sus hijos desde pequeños, para que aprendieran a vivir con una conciencia limpia estuvieran o no vigilados.
“Si crees que esto es voluntad de Dios, estoy lista.”
Su respuesta cuando Juan le propuso, con 58 años, dejar su casa de I Becchi para ir a vivir con él a Valdocco.
“Confía siempre en la Providencia.”
Su respuesta habitual en los momentos de mayor escasez en el Oratorio.
“Haz todo por amor de Dios, y no encontrarás nada duro.”
Consejo que solía repetir a los muchachos de Valdocco cuando el trabajo se hacía cuesta arriba.