Cinco escenas, explicadas para ti
No hace falta ser experto en teología para leer el Evangelio. Cada escena trae el texto, una explicación sencilla, qué te dice hoy, y una pregunta para llevarte contigo.

La Anunciación
«Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo... el Espíritu Santo vendrá sobre ti.» (Lc 1,31.35)
Dios manda al ángel Gabriel a una joven de un pueblo sin importancia, para proponerle —no imponerle— ser la madre del Salvador. María pregunta «¿cómo será esto?», no entiende del todo lo que se le pide, y aun así responde: «Hágase en mí según tu palabra.»
No hace falta entenderlo todo para decir que sí a Dios. La fe no es tener todas las respuestas: es confiar aunque queden preguntas abiertas.
¿Hay algo que Dios te está pidiendo y que no terminas de entender del todo? ¿Qué te frena para decir que sí?

La Visitación
«Se levantó María y fue con prisa...» (Lc 1,39)
Nada más recibir la noticia más grande de su vida, María no se queda pensando en sí misma: se pone en camino, deprisa, para ayudar a su prima Isabel, embarazada y mayor. El primer efecto de llevar a Dios dentro es salir hacia el otro.
Recibir algo bueno de Dios no es para quedárselo. Cuando algo te llena por dentro, ¿a quién se lo llevas?
¿Hay alguien en tu vida a quien deberías «visitar» —llamar, acompañar, ayudar— esta semana?

Las Bodas de Caná
«Haced lo que él os diga.» (Jn 2,5)
María se da cuenta del problema —se acaba el vino, algo pequeño pero embarazoso— antes de que nadie lo pida. No exige un milagro: simplemente se lo señala a Jesús, y dice a los sirvientes que confíen en él.
María enseña a fijarte en las necesidades de los demás sin que te las pidan, y a confiar en Jesús sin necesitar tenerlo todo bajo control.
¿Sueles fijarte en lo que otros necesitan antes de que te lo pidan?

María al pie de la cruz
«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.» (Jn 19,25)
María no se va cuando todo se derrumba. Se queda de pie, en silencio, en el peor momento posible. Y ahí Jesús se la entrega al discípulo amado como madre — y, a través de él, a todos nosotros.
A veces amar es simplemente quedarte, sin huir, aunque no puedas arreglar nada.
¿Hay alguien que necesita que simplemente te quedes a su lado, aunque no sepas qué decir?

Pentecostés
«Todos ellos perseveraban en oración, junto con María, la madre de Jesús.» (Hch 1,14)
Después de que Jesús subiera al cielo, los apóstoles no sabían bien qué hacer. María está con ellos, rezando, esperando al Espíritu Santo — sin protagonismo, sosteniendo con su presencia a la Iglesia que empezaba.
No siempre hace falta ser tú quien lleva la iniciativa: a veces tu papel es sostener con tu presencia y tu oración a los demás.
¿Estás dispuesto a acompañar sin protagonismo, solo con tu presencia y tu oración?