Cómo nos ha llegado la Palabra
Escritura, Tradición y Magisterio
Si Jesús no escribió ningún libro, ¿cómo ha llegado su mensaje hasta ti, veinte siglos después, sin estropearse por el camino?
Jesús no dejó un libro: dejó unos amigos, los Apóstoles, con el encargo de transmitir el Evangelio «a todas las generaciones». Ellos lo hicieron de dos maneras que van siempre de la mano: predicando (de viva voz) y escribiendo.
A lo que se transmite vivo, de generación en generación —la fe, los sacramentos, la oración de la Iglesia—, lo llamamos Sagrada Tradición. A lo que quedó puesto por escrito bajo la acción del Espíritu, Sagrada Escritura. No son dos mensajes rivales: «brotan de la misma fuente divina» y forman «un solo depósito sagrado de la Palabra de Dios».
¿Y quién decide lo que significa?
Un mismo texto lo puede interpretar cada uno a su manera, y así aparecen mil versiones distintas del cristianismo. Por eso Jesús confió a los Apóstoles y a sus sucesores (el Papa y los obispos) la tarea de custodiar e interpretar con autoridad la Palabra. A eso lo llamamos Magisterio.
Ojo con un detalle importante: el Magisterio «no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio». No inventa la fe: la guarda, la explica y evita que cada uno se fabrique una Biblia a su gusto.
La Palabra de Dios te llega por dos cauces unidos —Escritura y Tradición— y la Iglesia (el Magisterio) la custodia e interpreta para que no se deforme.
Cuando alguien te diga «la Biblia dice…» para justificar cualquier cosa, recuerda: la Escritura se lee dentro de la Iglesia, no cada uno por su cuenta. Ahí está la garantía de no perderte.
Esta lección se apoya en: Dei Verbum, cap. II (nn. 7-10).
Test de autoevaluación
Responde a las 3 preguntas y pulsa el botón para ver tu resultado.
1. ¿Por qué cauces nos ha llegado la Revelación?
2. ¿Qué relación tiene el Magisterio con la Palabra de Dios?
3. ¿Es la Biblia algo que cada uno puede interpretar totalmente a su aire?
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