El día en que un hombre vio el cielo abierto y se sintió indigno
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Hoy te voy a contar el momento en que un hombre tuvo una visión tan grande del cielo que su primera reacción no fue de alegría, sino de miedo a no merecerla.
Isaías tuvo una visión sobrecogedora: vio al Señor sentado en un trono altísimo, rodeado de serafines que volaban cantando «Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos», con una voz tan potente que los cimientos del templo temblaban y todo se llenaba de humo.
En vez de sentirse orgulloso por tener semejante visión, la primera reacción de Isaías fue de puro terror ante su propia pequeñez: «¡Ay de mí, que soy muerto! Porque siendo hombre inmundo de labios... han visto mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos». Se sintió profundamente indigno de estar ante algo tan sagrado.
Entonces uno de los serafines voló hacia él con una brasa ardiente tomada del altar, y le tocó los labios con ella, diciéndole: «He aquí que esto ha tocado tus labios, y tu pecado es quitado». Fue un gesto de purificación que preparó a Isaías, ya libre de su indignidad, para lo que venía después.
Isaías escuchó entonces la voz de Dios preguntando: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?». Y en vez de poner excusas, respondió con una de las frases más recordadas de todo el Antiguo Testamento: «Heme aquí, envíame a mí». El hombre que minutos antes se sentía completamente indigno, una vez purificado, se ofreció voluntario para la misión más difícil.
📖 Isaías 6,1-8
🎬 Ficha de reparto
Isaías
Recibe una visión sobrecogedora de Dios y, tras sentirse indigno, se ofrece como profeta.
Los serafines
Seres celestiales que rodean el trono de Dios y purifican los labios de Isaías con una brasa.
💡 La moraleja
Sentirte pequeño o indigno ante algo grande que Dios te muestra no es motivo para huir: es el primer paso para dejarte purificar y, después, poder decir «heme aquí, envíame a mí».
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, cuando me sienta indigno de lo que me pides, ayúdame a dejarme purificar por ti en vez de huir. Que como Isaías, sepa responder: aquí estoy, envíame a mí. Amén.