¿Cómo nacen las adicciones?
Casi ninguna adicción empieza de golpe, y todas usan el mismo mecanismo de fondo. Entender qué le pasa a tu cerebro es el primer paso para no caer sin darte cuenta — sea cual sea la cosa concreta que te esté enganchando.
Óxido nitroso («globos de la risa»)
Un gas que se inhala desde globos hinchados con cápsulas pensadas para uso alimentario (como las de la nata montada), cada vez más presente en fiestas por lo fácil que es conseguirlo y por la falsa idea de que «es casi inofensivo».
Provoca unos segundos de euforia y risa incontrolable al cortar brevemente el oxígeno que llega al cerebro — precisamente ese corte de oxígeno es lo peligroso, sobre todo si se repite varias veces seguidas o se mezcla con alcohol. Usado con frecuencia, daña la forma en que el cuerpo aprovecha la vitamina B12, lo que puede afectar a los nervios.
Sientes hormigueo o adormecimiento en manos o pies, o necesitas varios globos seguidos para notar el mismo efecto.
Ketamina
Un anestésico de uso médico y veterinario que, fuera de ese contexto y sin control médico, se consume para provocar una sensación de desconexión total del propio cuerpo y del entorno.
Distorsiona por completo la percepción del espacio, el tiempo y el propio cuerpo, lo que multiplica el riesgo de accidentes graves mientras se está bajo sus efectos. Con el uso repetido, está asociada a daños reales y bien documentados en la vejiga, además de problemas de memoria.
Sientes dolor o necesidad urgente de orinar con mucha frecuencia, o notas lagunas de memoria después de haberla consumido.
El mismo mecanismo vale para el resto de cosas que pueden robarte la libertad — el móvil, las apuestas, una relación, el éxito... Cada una tiene su propia página a fondo.
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