Dios es mi Padre bueno
Ayudar al niño a descubrir que Dios no es un juez lejano, sino un Padre que lo quiere y lo cuida, como recoge la propia imagen de Dios propia de esta edad: un Dios cercano, protector, que da la vida.
«Mirad qué amor nos ha tenido el Padre, para que nos llamemos hijos de Dios, ¡y lo somos!»
(≈15 min) Preguntadle: «¿Quién te cuida cuando tienes miedo o estás enfermo?». Dejad que hable de vosotros, de los abuelos... Después decidle: «Detrás de todo ese cariño, hay Alguien que os quiere a todos aún más: Dios». Pedidle que dibuje, mientras habláis, a esa persona que lo cuida.
(≈15 min) Contadle que Dios creó el mundo entero — el sol, los animales, el mar — y que también os creó a vosotros, uno por uno, porque quería que existierais. No lo hizo por obligación: lo hizo por amor, como un padre que espera con ilusión a su hijo.
(≈20 min) Salid al balcón, la calle o el jardín y buscad juntos tres cosas bonitas que Dios ha hecho (una flor, una nube, un pájaro). Dad gracias en voz alta por cada una, y si os apetece, sacad una foto de una de ellas para pegarla luego en el rincón de la fe.
(≈10 min) Dios no me mira desde lejos: me quiere como un padre bueno quiere a su hijo.