¿Por qué hay que creer en algo que no se puede demostrar científicamente?
La ciencia responde muy bien a un tipo de preguntas —cómo funciona el mundo físico— pero no está diseñada para responder a otro tipo distinto: por qué existe algo en vez de nada, qué sentido tiene la vida, si hay algo o alguien detrás del universo. Pedirle a la ciencia que demuestre a Dios es pedirle algo para lo que no tiene herramientas.
Creer no es lo contrario de razonar —es confiar en algo con buenas razones, aunque no sea una demostración matemática. Confías así en muchas cosas de la vida diaria (en el amor de alguien, por ejemplo) sin exigirles una prueba de laboratorio.
Partiendo del mundo y de la persona humana, la razón puede llegar a conocer con certeza la existencia de Dios como origen y fin del universo, aunque este camino no sea una demostración experimental.
«Por fe andamos, no por vista.»