Caridad — Virtud teologal
Un kit completo para trabajar esta virtud a fondo: vídeo, música, actividad, juego, oración y más.
No es simplemente ayudar o caer bien: es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor a Dios, dejando que ese amor pase a través de ti hacia los demás, aunque no te lo agradezcan.
“Dios es amor.”
1 Jn 4,8
Sugerencia de vídeo: busca un testimonio corto sobre alguien que ayudó a otro sin esperar nada a cambio, movido solo por amor. Pregunta después: «¿Qué diferencia hay entre ser generoso y amar de verdad al que ayudas?»
🎧 Próximamente en Spotify
▶ Ver letra
Letra pendiente de añadir.
Cada participante piensa en algo que puede regalar a alguien del grupo sin que cueste dinero: tiempo, ayuda, un cumplido sincero, escuchar. Lo escribe en un papel y, sin decir quién lo escribió, lo entrega a esa persona durante la semana. Cierra explicando que esto es caridad en pequeño: amar de forma gratuita, como Dios nos ama a nosotros.
Reparte «monedas» de cartulina a cada participante. Se subastan tarjetas con pequeños favores (ayudar con deberes, escuchar, compañía) que el grupo puede «comprar» los unos a los otros con sus monedas, comprometiéndose a cumplirlo esa semana.
Durante la epidemia de cólera de 1854, quienes se quedaron en Turín a cuidar a los enfermos no lo hicieron por simple generosidad humana: lo hicieron por caridad, el amor que viene de Dios y que se atreve a darlo todo por el otro, incluso arriesgando la propia vida.
Leer este capítulo de Domingo Savio →«Hay más alegría en dar que en recibir.» (Hch 20,35) — la caridad no es una virtud que se entrena a base de repetición, como un músculo: es un don de Dios que se recibe y se deja crecer, aunque también se ejercite viviéndola cada día.
- •¿He compartido hoy algo que de verdad me gustaba?
- •¿He ayudado a alguien sin que me lo pidiera?
- •¿He dado mi tiempo a alguien que lo necesitaba?
- •¿Amo a los demás porque me conviene, o porque los amo como Dios los ama?
- •¿Dejo que el amor de Dios pase a través de mí hacia los demás?
Señor, tú que eres Caridad, derrama en mi corazón ese mismo amor gratuito que no calcula ni espera nada a cambio. Que como Domingo Savio, sepa dar sin medida, no por mérito propio, sino porque tú amas primero en mí. Amén.
En una cartulina grande, dibujad un árbol sin hojas. Cada vez que alguien del grupo hace un gesto de caridad —ayudar, compartir, perdonar, escuchar—, añade una hoja con su nombre y lo que hizo. Ved crecer el árbol durante el mes, y recordad que cada hoja es un reflejo del amor de Dios.