¿Cómo educó a Juan Bosco?
Muchas ideas del Sistema Preventivo de Don Bosco nacieron antes, y en otro sitio: en la cocina de su madre.
Cuando Juan, con solo nueve años, contó en casa un sueño extraño sobre pastorear a muchachos difíciles «no con golpes, sino con la mansedumbre y la caridad», Margherita no se lo quitó de la cabeza ni se rio. Lo escuchó con respeto, como una madre que intuye que algo importante se está gestando en su hijo.
Antonio, el hijastro mayor, veía con malos ojos que Juan quisiera estudiar en vez de trabajar la tierra como él. Margherita nunca tomó partido de forma que rompiera la familia: medió, sostuvo y esperó, año tras año, hasta que las cosas se calmaron.
Antes de que Juan supiera leer, ya sabía rezar — porque Margherita rezaba con él cada día. La fe que después Don Bosco transmitiría a miles de jóvenes empezó ahí, en una cocina de I Becchi.
Fue ella quien puso a su hijo, desde niño, bajo la protección de la Virgen. Esa devoción mariana, tan central en toda la espiritualidad salesiana, tiene sus raíces en la educación que Margherita le dio en casa.
Juan aprendió a no tener miedo al trabajo duro viendo a su madre llevar sola la granja tras enviudar. Esa ética del esfuerzo sin quejas la reconocería después en su propio estilo de vida.
Con recursos escasos y decisiones difíciles, Margherita pedía obediencia a sus hijos no por autoridad, sino explicando el porqué — algo que Don Bosco recuperaría después como principio educativo con «sus» muchachos.
Nunca dejó que un enfado se quedara instalado en casa. Enseñó a sus hijos, con hechos más que con palabras, que la reconciliación no podía esperar.
La madre del Oratorio
“Si crees que esto es voluntad de Dios, estoy lista.”
En 1846, cuando Don Bosco cae gravemente enfermo, Margherita va a Turín para cuidarlo. Al recuperarse, él le pide algo enorme: dejar su casa, su pueblo y todo lo conocido para instalarse con él en Valdocco y ayudarle a sacar adelante el Oratorio de muchachos pobres y abandonados que estaba reuniendo. Ella tiene 58 años.
Su respuesta, recogida por la tradición salesiana, es la que abre esta página: si es voluntad de Dios, está lista. Y se va.
En Valdocco no es una invitada ni una ayuda ocasional: durante los siguientes diez años cocina, cose, cuida enfermos y administra lo poco que hay para que ninguno de los muchachos se quede sin comer. Cuando el dinero no llega, llega a vender parte de sus propios bienes.
Por eso, entre los salesianos, no se la recuerda solo como «la madre de Don Bosco». Se la recuerda como la madre del Oratorio — la primera, y durante años la única, que dio a esos chicos sin familia algo parecido a un hogar.
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