La mujer que barrió toda su casa para encontrar una sola moneda perdida
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Hoy te voy a contar una parábola breve de Jesús sobre una mujer que, al perder una sola moneda de las diez que tenía, encendió una lámpara y barrió toda su casa con cuidado, sin descansar hasta encontrarla.
Jesús, respondiendo a la crítica de los fariseos por juntarse con pecadores, contó tres parábolas seguidas sobre cosas perdidas: la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo pródigo. En la segunda de ellas, describió a una mujer que tenía diez dracmas, una cantidad modesta pero significativa de dinero, probablemente parte de sus ahorros o incluso de su propio ajuar de bodas.
Al perder una sola de esas diez monedas, la mujer no se resignó a la pérdida asumiendo que era una cantidad demasiado pequeña como para preocuparse: «¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?». Las casas de la época, con suelos de tierra y poca luz natural, hacían que encontrar una moneda pequeña perdida requiriera un esfuerzo real y minucioso.
Cuando finalmente la encontraba, la reacción de la mujer no era solo un alivio silencioso: «reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido». Organizaba una pequeña celebración compartida, invitando a otras personas a alegrarse junto con ella por algo que, visto desde fuera, podría parecer un asunto menor.
Jesús aplicó esta parábola con una conclusión que resume el sentido profundo de las tres historias contadas: «Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente». Así como aquella mujer no descansó hasta encontrar algo que, aunque pequeño en valor absoluto, le importaba profundamente, Dios se alegra de manera especial cuando encuentra a una sola persona que estaba perdida, sin importar cuán insignificante pudiera parecer esa persona a los ojos de los demás.
📖 Lucas 15,8-10
🎬 Ficha de reparto
Jesús
Cuenta la parábola de la moneda perdida para explicar la alegría de Dios al encontrar a quien estaba perdido.
💡 La moraleja
Ninguna persona es demasiado pequeña o insignificante como para que Dios no la busque con diligencia, como la mujer que buscó su moneda perdida. Y cuando se encuentra lo que estaba perdido, siempre vale la pena compartir esa alegría con otros.
🙏 Una oración antes de dormir
Señor, gracias por buscarme con diligencia cuando me pierdo, como la mujer que barrió toda su casa por una sola moneda. Ayúdame a compartir esa alegría cuando encuentre lo perdido. Amén.