Domingo SavioQUIERO SER SANO
📜 San Juan Bosco · 1885

Carta a don Costamagna

«Que el sistema preventivo sea propio de nosotros»

Turín · 1885

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“La dulzura en el hablar, en el obrar y en el avisar lo gana todo y a todos.”

Querido y siempre amado don Costamagna:

Se va acercando el tiempo de nuestros ejercicios espirituales, y yo, que me veo ya en edad avanzada, querría tener conmigo a todos mis hijos y a nuestras hermanas de América. Como esto no es posible, he decidido escribirte una carta que pueda servirte a ti y a otros hermanos nuestros de norma para llegar a ser verdaderos salesianos en vuestros ejercicios, que no serán muy distintos de los nuestros.

Ante todo debemos bendecir y dar gracias al Señor, que con su sabiduría y su poder nos ha ayudado a superar muchas y graves dificultades que nosotros solos éramos verdaderamente incapaces de vencer. Te Deum, Ave María.

Después, quisiera yo mismo dar a todos una plática, o mejor una conferencia, sobre el espíritu salesiano que debe animar y guiar nuestras acciones y cada una de nuestras palabras. Que el sistema preventivo sea propio de nosotros. Nunca castigos penales; nunca palabras humillantes, ni reproches severos en presencia de otros. Que en las clases resuene la palabra dulzura, caridad y paciencia. Nunca palabras mordaces, nunca una bofetada, ni fuerte ni leve. Úsense los castigos negativos, y siempre de modo que aquellos a quienes se avisa se hagan más amigos nuestros que antes y no se vayan nunca de nuestro lado desanimados.

Que el sistema preventivo sea propio de nosotros. Nunca castigos penales; nunca palabras humillantes, ni reproches severos en presencia de otros.

Que no se murmure nunca contra las disposiciones de los superiores, sino que se toleren las cosas que no sean de nuestro gusto o que resulten penosas o desagradables. Que cada salesiano se haga amigo de todos y no busque nunca vengarse; que sea fácil para perdonar, pero que no vuelva a sacar las cosas ya perdonadas.

Que no se critiquen nunca las órdenes de los superiores, y que cada uno procure dar y promover el buen ejemplo. Incúlquese a todos, y recomiéndese constantemente, promover las vocaciones religiosas, tanto de las hermanas como de los hermanos.

La dulzura en el hablar, en el obrar y en el avisar lo gana todo y a todos.

Esta sería la pauta para ti y para los demás que tomen parte en la próxima predicación de los ejercicios.

Dad a todos mucha libertad y mucha confianza. Si alguien quisiera escribir a su superior, o recibiera de él alguna carta, que nadie la lea en absoluto, excepto quien la recibe, si así lo deseara. En los puntos más difíciles aconsejo vivamente a los inspectores y a los directores que tengan conferencias a propósito. Más aún, recomiendo que don Vespignani tenga bien claras estas cosas y las explique a sus novicios o aspirantes con la debida prudencia.

En cuanto me sea posible, deseo dejar la Congregación sin complicaciones. Por eso tengo intención de nombrar un Vicario General mío que sea otro yo para Europa, y otro para América. Pero sobre esto recibirás a su tiempo las instrucciones oportunas.

Es muy oportuno que alguna vez a lo largo del año reúnas a los directores de tu inspectoría para sugerirles las normas prácticas indicadas más arriba. Leer e inculcar la lectura y el conocimiento de nuestras reglas, especialmente el capítulo que habla de las prácticas de piedad, la introducción que he puesto a las mismas reglas y las deliberaciones tomadas en nuestros capítulos generales o particulares.

Ya ves que mis palabras pedirían mucha explicación, pero tú eres sin duda capaz de entenderlas y, donde haga falta, de comunicarlas a nuestros hermanos.

En cuanto puedas, preséntate al señor arzobispo, a monseñor Espinosa, a sus vicarios generales, a don Carranza, al doctor Terrero y a otros amigos, y transmite a todos y a cada uno humildes y afectuosos saludos, como si yo hablara a uno solo.

Dios te bendiga, querido don Costamagna, y contigo bendiga y conserve con buena salud a todos nuestros hermanos y hermanas, y María Auxiliadora os guíe a todos por el camino del cielo. Amén.

Rezad todos por mí.

Vuestro afectísimo en Jesucristo, Sac. Juan Bosco — Turín, 10 de agosto de 1885.

Traducción de Quiero Ser Santo a partir del texto italiano original de la carta (Turín, 10 de agosto de 1885), según la edición publicada por el CNOS-FAP en «Il sistema preventivo» (cuatro manuscritos de Don Bosco).