Domingo SavioQUIERO SER SANO
📜 San Juan Bosco · 1885

Sobre la difusión de los buenos libros

Carta a los salesianos sobre la buena prensa

Turín · 1885

Un libro puede entrar hasta en las casas en que no entra el sacerdote.

Amadísimos hijos en Jesucristo: el Señor es testigo del deseo que siento de veros, de encontrarme entre vosotros y de hablaros de nuestras cosas. Mas mis pocas fuerzas y los asuntos que reclaman mi presencia en Francia me lo impiden; por eso voy por carta.

Entre todos los medios, el de la difusión de los buenos libros es el que quiero recomendaros ahora encarecidamente, para gloria de Dios y salvación de las almas. No dudo en calificarlo de divino, puesto que Dios mismo lo utilizó en la salvación del hombre: fueron los libros que él inspiró los que ofrecieron al mundo la doctrina verdadera.

A nosotros nos toca imitar el modo de obrar del Padre celestial. Los buenos libros, repartidos entre el pueblo, son uno de los medios verdaderamente a propósito para mantener el reino de Dios entre las almas. Y son tanto más necesarios cuanto que cada día la impiedad y la inmoralidad utilizan esta misma arma para hacer estragos: ha de oponerse arma contra arma.

Un libro puede entrar hasta en las casas en que no entra el sacerdote.

Cuando se ofrece a sí mismo, no se sonroja; si se le abandona, no se enfada; enseña la verdad sin prisas, y despreciado no se queja. A veces está cubierto de polvo sobre el pupitre, y nadie piensa en él; pero llega la hora de la soledad, del desánimo, del dolor o de la tristeza, y entonces este amigo fiel se sacude el polvo, abre sus páginas… y se repiten las prodigiosas conversiones de san Agustín y de san Ignacio de Loyola.

¡Cuántas almas se salvaron por los buenos libros! Quien regala un libro, aunque solo suscite un pensamiento sobre Dios, se apunta un mérito incomparable. Un libro regalado a una familia quizá no lo lea aquel en quien se pensó, pero lo leerá el hijo, el amigo o el vecino; en un pueblo, un mismo ejemplar puede pasar por manos de cientos de personas.

Os expongo las razones que os han de animar a difundir los buenos libros, no solo como cristianos, sino de manera particular como salesianos:

  • Fue una de las empresas principales que el Señor me encomendó, y la tomé con infatigable empeño a pesar de mil ocupaciones.
  • En menos de treinta años hemos esparcido cerca de veinte millones de opúsculos y volúmenes entre el pueblo: su misma difusión prueba una especial ayuda de Dios.
  • Es uno de los fines más importantes de nuestra Congregación: así lo dicen nuestras propias reglas.
  • Han de preferirse las obras buenas, morales y religiosas — y, entre ellas, las de nuestras tipografías, cuya ganancia se transforma en caridad para tantos jóvenes pobres.

A los jóvenes siempre busqué el modo de hacerles el bien también con la letra impresa: con las Lecturas Católicas y las biografías de Domingo Savio y de Besucco; con El joven cristiano, para enamorarlos de los sacramentos; con los clásicos expurgados y la Historia de Italia; y con el Boletín Salesiano.

Os invito y os conjuro a que no desatendáis esta importantísima parcela de nuestra misión. Y no os limitéis a los jóvenes: conseguid de ellos, con vuestras palabras y ejemplo, que se conviertan en otros tantos apóstoles de la buena prensa, llevando estos libros a sus padres, hermanos y amigos como regalo y cariñoso recuerdo, nunca como sermón.

Termino. Recordad a san Agustín, que siendo obispo elocuentísimo prefería la sencillez del lenguaje antes que exponerse a no ser entendido por el pueblo. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea siempre con vosotros. Rogad por mí.

Afectísimo en Jesucristo, Sac. Juan Bosco — Turín, fiesta de San José, 19 de marzo de 1885.