Templanza — Agosto
Un kit completo para trabajar esta virtud a fondo: vídeo, música, actividad, juego, oración y más.
No es no disfrutar nunca de nada. Es no dejar que ningún placer —una pantalla, una serie, un videojuego— decida por ti cuánto es suficiente.
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”
1 Pe 5,8
Sugerencia de vídeo: busca un vídeo corto sobre el uso del móvil o de las pantallas durante las vacaciones. Pregunta después: «¿Cuánto de tu verano decide por ti una pantalla, y cuánto decides tú?»
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En grupos, dibujad un termómetro para 3-4 cosas buenas (una serie, la comida, las redes, el deporte) y marcad juntos dónde está «lo suficiente» y dónde empieza el exceso. Cierra hablando de que la templanza no es no disfrutar, sino no dejar que ningún placer decida por ti cuánto es bastante.
Proponed pasar una hora del encuentro sin móviles, guardados todos en una caja común. Al terminar, compartid qué ha costado más: el silencio del móvil, o descubrir en qué lo habríais usado si lo hubierais tenido a mano.
Cuando Don Bosco le propuso a Domingo un programa sencillo para ser santo —mantente alegre, cumple tus deberes, haz el bien—, Domingo lo hizo suyo tal cual, sin añadirle exigencias imposibles ni convertirlo en una carrera de excesos. Entendió que la santidad se vive en la medida justa de cada día, no en gestos extremos.
Leer este capítulo de Domingo Savio →«Sed sobrios, y velad.» (1 Pe 5,8) — Domingo Savio no buscaba hacer las cosas a lo grande, sino vivir bien lo ordinario, cada día, con la medida justa.
- •¿He dejado que una pantalla, una serie o un placer decida por mí cuánto es suficiente?
- •¿He sabido parar a tiempo, aunque me apeteciera seguir?
- •¿He disfrutado de algo bueno sin dejar que se convierta en lo único que me importa?
- •¿He confundido divertirme con no poner ningún límite?
- •¿He descansado de verdad, o he llenado cada rato libre de ruido?
Señor, enséñame a disfrutar de lo bueno que me das sin dejar que me controle. Dame la libertad de saber parar a tiempo, de vivir con medida, y de no confundir el placer de un momento con lo que de verdad me hace feliz. Amén.
Cada participante hace su propio «termómetro del suficiente» en cartulina para algo concreto de su vida (móvil, dulces, series, videojuegos) y lo decora. Se lo lleva a casa como recordatorio visual de dónde está su límite sano.